Huacas de Lima Norte en peligro de desaparecer

Huacas de Lima Norte en peligro de desaparecer

Cerca de sesenta zonas arqueológicas de Lima Norte, que representan el 20 % del total que existe en la capital, no cuentan con el presupuesto para su puesta en valor. La indiferencia de la población y la desidia de las autoridades están acabando con el testimonio de la historia peruana.
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Durante el periodo Formativo, la muralla de Chuquitanta sirvió para proteger a los pescadores y agricultores de la zona. © Foto: Artífice Comunicadores/ Judith Jara.

Escribe: Judith Jara (@judith_jarat)
El crecimiento desordenado de los procesos de urbanización y las invasiones han reducido a su mínima expresión la riqueza histórica que posee Lima Norte. Como lo afirmaba José Matos Mar, este emprendimiento característico de sus habitantes no ha ido de la mano con su desarrollo cultural. Es una paradoja que solo ocurre en el Perú.

Cultura en última fila

En la mayoría de los distritos de Lima Norte hay evidencias arqueológicas de que en sus tierras habitaron civilizaciones muy importantes. De la época preinca se encuentra la huaca Gararay (San Martín de Porres); del periodo inca, la Fortaleza de Collique (Comas), y de la colonial, la hacienda Punchauca (Carabayllo). La lista es interminable.
A pesar de esta evidente riqueza cultural, muchos monumentos no cuentan con proyectos para su puesta en valor, incluso algunos han desaparecido. Así lo afirma Santiago Tácuman, historiador y docente de la Universidad Católica Sedes Sapientiae. “Hay cerca de cien restos arqueológicos en el valle de Chillón que aún no han sido investigados”.
La falta de presupuesto y la burocracia han dejado a las huacas en el abandono. El costo para la puesta en valor de cada una de ellas es de dos a seis millones de soles. Natalia Guzmán Requena, directora de Gestión de Monumentos del Ministerio de Cultura, señala que no cuentan con el dinero para la ejecución directa del proceso de conservación de los sitios arqueológicos.
Algunas comunas, como San Martín de Porres y Comas, realizan campañas de limpieza y sensibilización, pero son insuficientes. En tanto, niños, adolescentes y adultos no conocen la historia de su distrito por la escasa información con la que cuentan. “En los presupuestos participativos las personas piden veredas y lozas, pero nadie habla de cultura”, indica Tácuman.
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La muralla de Chuquitanta, ubicada en San Martín de Porres, es uno de los sesenta sitios arqueológicos que existen en Lima Norte. © Foto: Artífice Comunicadores/Judith Jara.

Muralla del olvido

Llegar a la Muralla de Chuquitanta no es tarea sencilla, porque solo cuenta con dos vías de acceso. La línea 22 que se toma en el óvalo de Huandoy me deja a una hora del lugar. En el último tramo, el polvo ingresa por las ventanas y los baches sacuden al vehículo. Atrás quedaron las casas de ladrillo, ahora predominan la madera, el adobe e improvisados campos de cultivo. La modernidad le da la espalda a esta zona de San Martín de Porres.
Un viaje de 30 minutos en mototaxi me acerca a las murallas. “De frente y a la izquierda está Chuquitanta”, me dice José Quispe, quien habita hace más 20 años en la zona. ¿Conoce del valor cultural de la fortaleza?, le pregunto. “Las autoridades solo vienen para que te pidan tu voto y los muchachos cuando la visitan la destruyen”, afirma.
Hay que seguir el recorrido a pie. Son 30 minutos más. Trozos de plástico, desmontes y desechos orgánicos se extienden a largo de una acequia con agua sucia y maloliente. Un letrero del Ministerio de Cultura me da la bienvenida: “patrimonio cultural de la nación”. La muralla, que data de unos 2000 a. C., se encuentra en ruinas.
Sus muros de dos metros de alto y diez de largo están rodeados de cenizas de basura, restos de comida y pañales usados que los perros buscan desesperadamente. Los autos y camiones que pasan muy cerca aceleran su deterioro. Esta zona fue el escenario del asesinato de Patrick Zapata, amigo de Geral Oropeza implicado en narcotráfico. Los pobladores identifican la zona por este hecho más que por su valor cultural.
Guzmán Requena explica que, a pesar de las campañas de limpieza y sensibilización que han realizado, la situación es bastante dramática porque las municipalidades de otras zonas son las primeras en arrojar sus desperdicios en este espacio. Mientras continúo mi camino hacia la huaca El Paraíso, un camión de basura de la Municipalidad de Comas pasa raudamente.
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A pesar de las iniciativas de limpieza en la muralla de Chuquitanta, se continúa usando como basurero. © Foto: Artífice Comunicadores/Judith Jara

Camino al paraíso

Para llegar a El Paraíso, zona arqueológica con una antigüedad de 2000 a. C. a 3000 a. C,  hay que caminar 30 minutos desde Chiquitanta. El olor a comida podrida que emanan las chancherías se impregna en el ambiente. El recorrido se complica por la cantidad de basura que hay que esquivar y el polvo que impide ver el camino. Las casas de madera se pierden entre los cultivos de cebolla y ajo que son regados con aguas contaminadas de la acequia.
Después de subir pequeñas pendientes de trocha y zigzaguear caminos, llego a la zona. Una extraña energía invade el espacio. Escolares de todas las edades y jóvenes ciclistas visitan el lugar. “Las huacas son sagradas, no está permitido señalarlas”, afirma Richard Olavia Lara, uno de los vigilantes, quien al mismo tiempo cumple la función de guía.
El área que más resalta es la Unidad I, pirámide escalonada construida en piedra que sirvió como templo. A los costados, enormes cerros se muestran imponentes. En ellos se retratan diversas figuras que los españoles plasmaron luego de invadir el espacio que habitaban los antiguos peruanos, como un búho, una gorila y el rostro de un chino.
El año pasado, luego de 20 años de abandono, el Ministerio de Cultura puso en valor El Paraíso. Los invasores habían destruido el 70 % de las construcciones. Recientemente se encontró cabello de niño y restos de alimentos que se encuentran en investigación. “Se tiene proyectado realizar un museo de sitio, pero aún no hay fecha”, señala Lara.
En el 2013 se produjo uno de los atentados más graves. La inmobiliaria Asisol SAC y la compañía promotora Provelanz EIRL derrumbaron una de las pirámides. “A esta asociación de empresas se le impuso 2 UIT, es decir, en el Perú borrar parte de nuestra historia cuesta S/.7400”, afirma, indignado, Santiago Tácuman. Las chancherías y los traficantes de terreno siguen amenazando con destruirla. ¿Haremos algo para no quedarnos sin historia?
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Diversas asociaciones buscan promover el turismo en la huaca El Paraíso, a través del ciclismo. © Foto: Artífice Comunicadores/Judith Jara

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Mapa de las huacas en Lima Metropolitana. Elaborado por la Municipalidad Metropolitana de Lima, 2014.