Creadora de las polleras chic

Creadora de las polleras chic

Con motivos trabajados en xilografía, serigrafía e ilustración, con colores y telas que no se usan en el mundo andino, la artista Qarla Quispe anuncia una nueva tendencia en la moda que denomina la rebelión de las polleras.

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Escribe: Jesús Raymundo (@jesus_raymundo en Twitter) –
Ella es una chola brava. Así lo atestiguan su energía juvenil, sus interminables pasos y sus sueños artísticos. Es valiente como su abuela Dominga Jacobo, quien a los 93 años no sucumbió fácilmente ante la enfermedad que la había postrado: se había prometido partir solo tras despedirse de su hija. Es como su madre Orfelina Huamaní, una migrante que desde joven ha sembrado la esperanza entre la tierra y el asfalto del distrito de Comas.

Encuentro telúrico

Es brava y terca como la vida del nuevo limeño que enriquece su mirada con las expresiones de sus raíces provincianas. Con esos colores, la artista Qarla Quispe ha convertido su nostalgia y su emprendimiento en un aliento cotidiano. Desde que comprobó la discriminación de los limeños a las mujeres humildes que usan sus polleras se propuso liderar la rebelión de esta prenda que en sus orígenes pertenecía a la alta costura.
“Con mi proyecto trato de reivindicarlas trayéndolas a la vida urbana. Muchos desconocen que estas transmiten mucha información de las personas que las usan o del pueblo al que pertenecen”, me comenta mientras su sonrisa achina su mirada. En una sala, varios maniquíes negros cuelgan del techo para exhibir las polleras con diseños suyos. Y agrega: “Representan un soporte innovador que me permite plasmar el concepto de identidad”.
Su futuro empezó a esbozarla cuando viajó al valle del Mantaro, hace seis años, en busca de su abuelo, su identidad. Aunque no lo encontró, conoció al Tayta Shanty, las polleras y los mates burilados, expresiones que le daría una nueva visión de su propuesta artística. Realizó un tour al distrito de Huancán, tierra de bordadores. Así conoció a las mujeres que en el patio de sus viviendas de adobe se dicaban a pintar con hilos de colores y usando enormes bastidores.
Le impresionó la paciencia de las artesanas, que en un mes terminan un diseño; la variedad de colores, ya que usan hasta ocho tipos de neón de la misma gama; el matizado de la lana, que lo hacen con hilos brillosos, y la capacidad de transmitir los saberes de una generación a otra. Después supo que las flores que bordan en sus prendas, sin dejar ningún espacio en blanco, representan el tema de la sexualidad y el horror al vacío.
Regresó a casa con hilos, telas y muchas ideas en mente. Ilusionada, empezó a planificar. Después realizó nuevas visitas a Huancayo con el fin de conocer sus fiestas tradicionales y lo que pensaban sus artistas populares. Su madre, quien siempre la veía regresar muy feliz, sospechaba que su hija se había enamorado lejos del barrio. “No entendía por qué volvía tanto al centro del país. Cuando le conté, no creyó en mi propuesta”.

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Habla barrio

Cuando aún estudiaba en la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes, de la que egresó con la especialidad de grabado, nació su primera pollera. Los escasos recursos no limitaron su creatividad, sino la enriquecieron. “Lo hice con afiches de las fiesta chicha y con costales que usan para traer papas. Fue un homenaje a los primeros provincianos que llegaron a La Parada”, me dice.
Sin proponérselo, hace dos años su arte cruzó las fronteras. La invitación para exhibir en Ecuador surgió cuando concedió una entrevista a un programa de televisión del país norteño. Así, fue invitada a participar en una muestra junto a la artista plástica Zela Valens. La gira fue un éxito. “A mis polleras le han salido alas. Ellas son las que me llevan por el mundo. Ellas son mi vehículo y yo soy la técnica”.
Regresó decidida a trabajar nuevos diseños. Los motivos en xilografía inspirados en la fiesta del santiago, o taita shanti, ya eran conocidos a través de sus prendas. Viajó al sur y al norte del país para seguir investigando y empezó a contrastar información con estudios de otros países. Al graduarse, exhibió sus nuevas polleras que recibieron los mejores elogios. Recientemente, participó en una colectiva cuyo tema fue la visión de los migrantes.
Cuenta que le sirvieron sus lecciones de diseño de moda y diseño gráfico, la experiencia de coser, manejar vectores y vender sus primeras faldas y minifaldas. En Bellas Artes aprendió a dominar el lenguaje del color y la tipografía, descubrió que todo tiene orden y despertó mi necesidad de comunicar. Ahora, su creatividad es el orgullo de quienes antes dudaban de que un día trazaría un camino innovador.

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