Peregrinos de la Virgen de las Mercedes de Paita

Peregrinos de la Virgen de las Mercedes de Paita

En setiembre, los peregrinos de la Virgen de las Mercedes de Paita, en Piura, participan de caminatas incansables con el fin de renovar su fe a la milagrosa imagen. La historia es la misma en todos los casos: han sido bendecidos por el milagro y por eso cada año cumplen la promesa de llegar a pie hasta su santuario, entre cánticos, bailes y oraciones. 
La sagrada imagen de la Virgen de las Mercedes de Paita recorre el pueblo en procesión.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores
Escribe: Jesús Raymundo (@jesus_raymundo en Twitter) –
Son pasos milagrosos. Avanzan venciendo los temores y el cansancio, los rigores de la edad y el estado físico, los contrastes de la naturaleza y las debilidades humanas. Son pasos que se alimentan con la fe que todo lo cura y todo lo puede. Son pasos que con el tiempo se han multiplicado en incontables pueblos y que hoy delinean los caminos polvorientos de caseríos olvidados y siguen la carretera que los conduce a Paita.
No importa la distancia. Hay quienes llegan desde el otro extremo del país, desde Tacna, después de vivir varias semanas de infatigables experiencias. Tampoco interesa la edad. Los que han sido envejecidos por el tiempo estos días son rejuvenecidos por la gratitud a la milagrosa imagen. Otros son trasladados en hombros o espaldas de los adultos. Incluso, los que aún no conocen la luz viajan guiados por el amor de sus madres embarazadas.
Los peregrinos de la Virgen de las Mercedes de Paita son la máxima expresión de la religiosidad popular en el norte del país. Ellos atestiguan su fe caminando y doblegando todos los obstáculos. Ni siquiera la falta de recursos económicos los limita llegar al santuario paiteño porque confían en la generosidad de sus hermanos, quienes suelen regalarles monedas y alimentos, además de aliento y respeto.

En la víspera

Los pasos no esperan ver la luz intensa del sol norteño para acercarse a la vida. En la penumbra empiezan a dibujar la ruta que los conduce a los pies de la milagrosa efigie. El domingo 23, víspera de la fiesta de La Mechita, los peregrinos unen los sentimientos de diferentes pueblos que saludan cuando avanzan. Muchos viajan en vehículos, pero ellos lo hacen a pie, cargando frazadas en las espaldas y cubriéndose las cabezas con gorras de tela.
A medida que pasan las horas, el asfalto de la carretera es dominado por el calor que no respeta las plantas de las zapatillas ni las sandalias de los peregrinos. Un halo de vapor se dibuja a lo lejos, pero después de haber surcado decenas de kilómetros el sol es un detalle insignificante para la fe de los pueblos. Los peregrinos de Talara, por ejemplo, han partido la madrugada del viernes, pero sus ánimos son los mismos de aquella vez.
Todos llegan renovados y felices. Mientras ascienden al santuario de La Mechita, los peregrinos comparten sus cánticos, su música y sus bailes. Algunos tocan bombos, charangos o flautas y los demás cantan a viva voz guiados por una líder que no suelta su megáfono. Usando melodías populares, como cumbias norteñas, los peregrinos han recreado himnos para la patrona de sus vidas. Otros bailan solos llenos de algarabía.
Algunos cargan sus enormes cruces de madera que se apoyan en pequeñas ruedas. Otros se deslizan sobre el camino polvoriento y caliente, ayudándose con los miembros. Hay mujeres que prefieren avanzar de rodillas, incluso con los pantalones remangados. Lo hacen sin prisa, pero con pasión. Al ascender por las escaleras empinadas, el viento marino los refresca de rato en rato y sus compañeros les mojan las cabezas y les dan de beber.
Katia Zaraí Ribera, quien viene desde Talara, ha caminado durante dos días y medio junto a setenta peregrinos de diversas edades. “¿Por qué lo hace?”, le pregunto. “La Mechita es milagrosa. Te soluciona todos los problemas. Te saca adelante. Ha curado a mi hijo cuando tenía 5 años y esta es la quinta vez que llego”, me responde. “¿Hasta cuándo le ha prometido peregrinar?”, vuelvo a preguntarle. “Hasta que Dios me permita venir”, responde.
En la cima, sobre la explanada, el paso de los peregrinos es más lento. Allí, su paso se confunde con los creyentes que forman una cola zigzagueante que es interminable. Todos han llegado a Paita para acercarse a las andas de plata de la imagen y sobarlas con un puñado de algodón con el que curarán las heridas del alma y del cuerpo. Muchos entregan donaciones anónimas en alcancías metálicas que se han instalado en el santuario.
Las velas son encendidas sobre el piso y en los candelabros de metal. Hay quienes prefieren sostenerlas hasta que se acaben, sin importarles que la cera se derrita sobre sus manos. En el lugar, hay peregrinos que improvisan los espacios para aliviar el cansancio y los vendedores ofrecen objetos religiosos, además de bebidas y alimentos. De día y de noche, siempre hay movimiento inspirado en la fe.
La escena se repite hasta la medianoche, incluso mientras los artistas de la zona alaban con sus canciones a La Mechita. Al estrado levantado a un lado del santuario suben cantantes, danzantes y músicos de diversas generaciones que participan en la serenata. El castillo ubicado frente al mar de Paita pintará después figuras con luces multicolores. Al día siguiente, sobre este escenario se oficiará la misa al aire libre.
En el último tramo, los peregrinos se desplazan sobre el piso, bajo el sol intenso que despierta la sed.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores

Día central

El presidente de la Hermandad de la Virgen de las Mercedes, Francisco Albán Calle, asegura este año se han registrado cincuenta hermandades que han venido de diversos pueblos del norte, como Talara, Tambogrande, Sullana y Chulucanas. Incluso, han llegado delegaciones de países vecinos, como Ecuador y Colombia. En promedio, cada una de ellas reúne a un centenar de creyentes, entre adultos y jóvenes.
Además de las hermandades, hay familias o personas que llegan a Paita con el único fin de agradecerle a La Mechita por el favor o el milagro concedido, o para pedirle que les ayuden a resolver problemas de sus seres queridos, como curar sus enfermedades que la ciencia no ha podido hacerlo. “Cada año crece el fervor católico. Paita queda chico para albergar a tanta gente que lo hace desde hace mucho tiempo”, comenta.
En la misa oficiada la mañana del lunes 24, el arzobispo metropolitano de Piura, monseñor José Antonio Eguren Anselmi, destaca la importancia que los peregrinos tienen en la fiesta. Se pregunta por qué vienen en peregrinaje desde tan lejos, por qué queman gran cantidad de velas y por qué comparten otras muestras de amor. “Es la gratitud a ella, porque siempre nos cuida. Ella quiso quedarse aquí, en Paita, para regalarnos su ternura intensa”.
Entre la multitud, Francisca del Rosario Caso Yarlequé confirma que su fe se ha fortalecido por una sanación que La Mechita le hizo a su hija de 5 años. “Por eso le hago un agradecimiento. Desde hace un año los 85 peregrinos de mi hermandad nos organizamos con oraciones mensuales y actividades para llegar desde Talara. “A los peruanos les digo que confíen en ella porque siempre intercede ante su Hijo amado, quien nos da el milagro”.
A las 4 de la tarde comienza la primera procesión y culminará a la medianoche. Francisco Albán Calle cuenta que el último día, hoy viernes 28, el recorrido se iniciará a las 8 de la mañana y terminará en la madrugada. Como en años anteriores, la sagrada imagen recorrerá los pueblos ubicados en la zona alta de Paita, en donde viven familias que también viven con intensidad el fervor católico.
En cada paso, las integrantes de la hermandad elevan sus oraciones y cánticos a La Mechita. Detrás, una banda de músicos vestidos de blanco acompaña la imagen durante todo el recorrido. Las familias han decorado las fachadas de sus casas con globos, escudos y flores de tela y arcos de flores. Desde sus balcones, los fieles arrojan sus pétales y aplauden emocionados. Otros se han organizado para rendirle homenaje con cánticos y ofrendas florales.
Desde hace 480 años, la Virgen de las Mercedes de Paita entrega a todos su inmenso amor de madre generosa. Tal como lo indica el monseñor José Antonio Eguren Anselmi, ella hizo posible que pasáramos de las tinieblas a la luz y saliéramos de las tinieblas a la luz. “Por eso venimos a consagrarle nuestras vidas, venimos a decirle aquí estamos madre y te entregamos todo lo que tenemos y todo lo que somos”.
Otros peregrinos prefieren cargar sus cruces para cumplir una promesa a La Mechita de Paita.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores