Nuevos hijos de la cerámica de Chulucanas

Nuevos hijos de la cerámica de Chulucanas

Desde hace 25 años, la Institución Educativa María Auxiliadora de Chulucanas, Piura, aporta al engrandecimiento de la cerámica. A través de un curso, único en su género, enseña cuáles son la historia de esta especialidad y la técnica para elaborar piezas escultóricas. En sus aulas se forjaron los ganadores de certámenes regionales y nacionales.  
Niñas de Chulucanas, Piura, continúan la tradición de sus artistas populares.
Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores
Escribe: Jesús Raymundo (@jesus_raymundo en Twitter) –
El sol siempre abriga la vida en Chulucanas, ubicada a una hora de viaje en bus desde la ciudad de Piura. En el taller de cerámica de la Institución Educativa María Auxiliadora, que celebra sus bodas de oro de creación, el sol norteño se muestra complaciente. Su luz evita que las niñas enciendan los focos del ambiente y su calor seca pacientemente las piezas de arcilla que nacen de la imaginación.
Aunque son opuestos, en manos del ceramista todo es posible, incluso concluir que el sol es como el agua porque ambos son vida y esperanza. La segunda ablanda los sentimientos de la arcilla para crear figuras de todos los tamaños, evocando la grandeza del soplo divino. El segundo la endurece para mantenerla firme en el tiempo, como los ideales. Ambos inician y terminan el camino de la majestuosidad de la cerámica, que en Chulucanas es arte e identidad.

Como los maestros

El taller de cerámica es un refugio de creatividad. Al ingresar, lo primero que se observa son los estantes polvorientos que exhiben obras que han sido trabajadas por las alumnas. Algunas piezas se encuentran protegidas por vidrios, pero otras permanecen al alcance de todos. Allí están también las que se encuentran en proceso: la arcilla húmeda es cubierta por bolsas de plástico para que no se endurezca mientras la creación evoluciona.
Alrededor de una gran mesa de cemento y mayólica blanca trabajan cerca de treinta niñas que dialogan con el arte y la tradición de un pueblo. Frente a una porción de arcilla, sus manos amasan la base de las figuras y luego crean el volumen, la forma y los detalles de cada una de ellas. No hay límites en los temas. Pueden ser aves, vasijas, tarjetas, pisapapeles y todo lo que pudieran motivar su creatividad. Los tamaños también son libres.
Delante de las niñas que murmuran entre ellas, el maestro Flavio Sosa Maza les recuerda lo que aprendieron en la anterior sesión. Con voz pausada y amigable, como si fuera un hermano mayor, les dice que la cerámica escultórica tiene tres etapas o pasos bien marcados: la base, la altura y el cerrado o extendido, que es la culminación de la figura. Todas escuchan sin detener los movimientos de las manos, como si de ellos naciera la energía.
Sus ojos rasgados se agigantan cuando ve a sus alumnas que conversan con la porción de arcilla que en sus manos empieza a respirar vida. El maestro regional de la cerámica de Chulucanas hace lo mismo. Sobre un torno manual ha colocado una vasija aún húmeda a la que pinta silenciosamente. Su mirada quieta parece hablarle a la obra que ha preparado desde el amanecer. “He querido mostrarte parte del proceso”, me dice luego.
Al lado izquierdo del salón se exhibe un cartel con el nombre de la institución educativa y algunas fotografías de sus alumnas destacadas. Un eslogan asegura que es cuna de ceramistas que han logrado el reconocimiento en diversos certámenes de arte popular. “Tenemos la suerte de tener entre nuestras alumnas a hijas de artesanos y a niñas que han ganado grandes premios locales, regionales y nacionales”, reitera.
Maestro regional Flavio Sosa Maza comparte sus secretos con sus alumnas.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores

Días de aprendizaje

Las cuatro secciones del primer año de educación secundaria de la Institución Educativa María Auxiliadora participan en el curso de cerámica, el único que se dicta en todo el país. La iniciativa surgió hace 25 años, cuando Flavio Sosa Maza, descendiente de una familia de artistas populares, decidió enseñar a los niños de su pueblo, que por aquel entonces ya era conocido por la grandeza de su cultura. Hoy, la cerámica de Chulucanas cuenta con denominación de origen.
Las niñas que participan en el curso reconocen el valor de la arcilla, aprenden a dominarla paso a paso y elaboran sus primeras piezas con la asesoría del docente. En sus inicios preparaban la materia prima, pero desde hace una década ya no lo hacen porque cuentan con la ayuda del Centro de Innovación Tecnológica (Cite) de Cerámica de Chulucanas. Además, les facilita los pigmentos con los que pintan las diversas piezas.
En el 2002, la institución educativa ganó un concurso nacional de proyectos innovadores organizado por el Ministerio de Educación. La propuesta “Revalorando la historia y la cultura de Chulucanas a través del proceso de la cerámica” permitió cambiar el rumbo de sus sueños. Con los 14 mil nuevos soles implementaron el taller en el que hoy trabajan las niñas y construyeron un horno tradicional. “Ahora necesitamos uno a gas para cuidar el medioambiente. Queremos producir más objetos de artesanía”, dice el profesor.
Ana Jenny del Rosario Vílchez Ruiz, de 12 años, se encuentra satisfecha con lo que ha aprendido en los primeros meses. “Con el curso he conocido todo lo que tiene mi pueblo. Si Dios me permite, quisiera ser una ceramista para hacer conocer más a mi tierra”. Yesenia Elizabeth Chávez García, también del primer año, comenta que las clases le han ayudan a hacer lo que antes le parecía imposible. “Todo se puede aprender. Nunca debemos decir que no lo vamos a poder. El asunto es seguir adelante”.
Del segundo al quinto año de secundaria, los alumnos continúan aprendiendo sobre la cerámica de Chulucanas de acuerdo a las diversas áreas pedagógicas. “Se les enseña lo fundamental de esta especialidad. Analizamos la materia prima, realizamos trabajos de campo, conocemos la historia del arte popular e impulsamos proyectos productivos. No solo realizamos clases vivenciales, sino también usamos videos y otros medios que aplicamos a la educación”, cuenta Flavio Sosa Maza.
Camila Arámbulo Vidal, de 16 años, es una de sus alumnas que en cinco años ha fortalecido su relación con el arte popular. Ella es hija de padres ceramistas. “Los turistas vienen a Chulucanas a conocer nuestros trabajos, pero muchas veces nosotros no creemos que podemos hacer mucho por nuestro pueblo”, me dice. Ahora ella espera darle un impulso mayor a la actividad de su familia de la mano con la educación. “Necesitamos un taller más grande para aplicar todo el proceso hasta la venta”.
Cuando aún se encuentra húmeda, la pieza es cubierta con pigmentos de color.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores

Renacimiento de Chulucanas

Los descendientes de los antiguos alfareros vicús, ñañañiques, tallanes, chimús y mochicas saben que la cerámica renació en Chulucanas en 1925, con la llegada de las primeras familias de artesanos provenientes de Simbilá, ubicada en Catacaos, en la zona denominada Bajo Piura. En aquella época, las lluvias torrenciales y los desbordes del río Piura, así como los años se sequía, obligaron a los Yamunaqué, Sosa, Vilchez, López y Paz a migrar a estas tierras.
Flavio Sosa Maza, uno de los investigadores del renacimiento de la cerámica de Chulucanas, asegura que las primeras familias empezaron a producir objetos utilitarios para elaborar la chicha y almacenar el agua. Asimismo, elaboraban tubos para los canales de irrigación y juguetes en miniatura para sus hijos. “Con los pueblos aledaños y de nuestra serranía piurana intercambiaban sus productos por alimentos. Eran años dorados para nuestra alfarería”.
Con la producción de utensilios de metal y plástico, las costumbres empezaron a cambiar, pero no acabó con la grandeza del arte popular. Los hijos de los primeros alfareros de Chulucanas refinaron y tecnificaron el proceso. En 1965 fue decisivo el apoyo de la religiosa Gloria Joyce Supple, laboratorista de la antigua posta médica del lugar. “Ella se familiarizó y se identificó con nuestra cultura. El trabajo de promoción de la cerámica lo hacía, sin cobrar un centavo, por las tardes y los feriados, así como en sus vacaciones”.
Las primeras organizaciones que se formaron en Chulucanas fueron el grupo Sañoc Camayoc y la Asociación de Alfareros. Después se concretó la donación del gobierno italiano de maquinaria con tecnología de punta y se logró la donación del terreno ofrecido por el Tecnológico Vicus y la cuna Ángel de mi Guarda. Allí se construyó un local que hoy alberga al Cite Cerámica Chulucanas y en donde funciona la Asociación de Ceramistas Vicús.
En la década de 1970 algunos maestros participaron en importantes ferias regionales y nacionales, e incluso internacionales. En la década de 1980 ya era conocida la técnica precolombina positivo-negativa y se incursionaba en diversas técnicas, como la cerámica negra, la combinada y la policromada. Hoy, Chulucanas es cuna de una especialidad artística que es apreciada y reconocida en el mundo como una de que mejores. Es, además, un producto bandera.
En ese largo, pero rico proceso, participan las niñas de la Institución Educativa María Auxiliadora que heredan la tradición. Después de 25 años, Flavio Sosa Maza se muestra satisfecho. “Estamos convencidos de que la historia empieza por conocer lo nuestro y la cerámica es parte de nuestra identidad cultural. Sabemos que no todos nuestras alumnas no serán ceramistas, pero sí conocen y valoran lo nuestro”.
Taller de cerámica de la Institución Educativa María Auxiliadora de Chulucanas.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores