Santiago Rojas Álvarez: Artesano de la fe

Santiago Rojas Álvarez: Artesano de la fe

Con su creatividad y talento ha innovado las máscaras y las imágenes religiosas que iluminan la fe en la fiesta de la Virgen del Carmen en Paucartambo. Con 94 años, el maestro Santiago Rojas Álvarez, el artesano mascarero cusqueño de mayor trayectoria y prestigio, continúa entregando su arte a la fe popular.  
Santiago Rojas Álvarez, mascarero paucarbambino que ha innovado la tradición.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores
Escribe: Jesús Raymundo (@jesus_raymundo en Twitter) –
En Paucartambo, las máscaras nacen de los sueños que conversan con la fe. En ese espacio donde es posible vivir momentáneamente entre lo sagrado y lo mundano también se puede conversar con la virgen que, como una madre tierna, comparte su amor que es capaz de curarlo todo. Ella encarga sus deseos a los devotos y a veces se enoja. Por eso, las máscaras son obras sagradas y sus creadores, servidores del bien.
El arte y la fiesta son expresiones de una misma tradición que es animada por miles de creyentes. Viven en las danzas, en la música, en los corazones y en los sueños. Aunque las máscaras innovan sus estilos cada cierto tiempo, por la magia creativa de sus artesanos, no pierde su fidelidad con las costumbres que nacen de la veneración a la Virgen del Carmen.

Padre mágico

Las máscaras de don Santiago Rojas Álvarez son sagradas como lo son su talento y creatividad. Sus manos no solo dominan esta especialidad que crea identidades originales, sino también la imaginería, la pintura, la escultura, el tallado en madera y la restauración. Es uno de los artesanos más importantes y reconocidos de Paucartambo y el más longevo. A sus 94 años, y pese a su enfermedad, a diario se reencuentra con sus raíces.
En el pequeño taller de su casa en Cusco las máscaras han detenido las emociones de personajes fantásticos. Uno de ellos muestra los ojos desorbitados con pupilas coloridas, cejas pronunciadas y una sonrisa amplísima con dientes perfectos y labios carnosos. Sus enormes orejas que terminan en punta se elevan como los cuernos que brotan de su frente, en donde se aferra un sapo de ojos exaltados.
En la misma línea, las manos del maestro han endiablado a un cerdo que muestra colmillos retorcidos y dientes puntiagudos. Una lagartija verde se sostiene sobre su nariz ancha y lanza su lengua amenazante mientras sus ojos se amplían. Las líneas expresivas del rostro son destacadas por trazos dorados que brillan sobre la piel rojiza. En tanto, las orejas y los cuernos apuntan al mismo cielo.
Ambos han nacido de la imaginación, pero son aceptados como personajes reales. La primera máscara de saqra que don Santiago confeccionó se inspiró en una que lo vio en sueños. Cuenta que este le oprimía fuertemente el pecho y no le permitía respirar con facilidad. Cuando logró quitársela, después de una lucha descomunal, pudo apreciar los rasgos que luego marcaron el estilo que hoy son infaltables en la fiesta de Paucartambo.
Todos lo reconocen como el innovador de las máscaras de diablos y de otros personajes. Un día, por ejemplo, una anciana le dio una careta de saqra que había sido confeccionada de cuero, pero él cambió la textura al usar paño de sombrero. Después popularizó las caras de animales. Explica que cuando las personas pierden la razón se convierten en estos seres irracionales.
Además del saqra, ha trabajado otros personajes, como el majeño y el siklla, que tienen elementos escultóricos y colores contrastados. El primero representa al arriero de tez blanca, pero con rasgos toscos y exagerados: nariz y cachetes hinchados. El segundo evoca a las autoridades y a los campesinos. Las máscaras de los abogados y jueces tienen una enorme nariz y una gran sonrisa, mientras que las de los cholos muestran narices aguileñas y pómulos pronunciados.
Santiago Rojas Álvarez junto a su inseparable esposa Antonia Cusi.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores

Vida y milagros

La fe de don Santiago es única. Toda su obra gira en torno a ella y se nutre de ella. Además de máscaras, confecciona imágenes de vírgenes y santos que los karguyuq de la fiesta de Paucartambo los usan en sus demandas. Algunas de sus esculturas importantes son Corazón de Jesús (Paucartambo), Patrón Santiago (Chalán, Arequipa y Cotabambas), San Marcos (Chumbivilcas), San Miguel Arcángel y Virgen del Carmen (Lima).
Su vida también es un acto de fe. Después de ser ayudante de su hermano Abraham –quien era tallador de madera, imaginero y mascarero–, desde los 15 años se dedicaba a restaurar imágenes en diversas comunidades cusqueñas. Algunos devotos le llevaban las piezas a su taller y las recogían acompañados por bandas de músicos, costumbre que ya se ha perdido. Después, don Santiago entregó sus días a las creaciones de máscaras y piezas de imaginería.
Desde 1942, año en que obtuvo el primer premio en un concurso regional, llevaba sus creaciones al Cusco. “Siempre traía mis trabajos al Santurantikuy, los 24 de diciembre. La gente me buscaba y yo trabajaba con más alegría y esmero. A veces me envidiaban, pero yo hacía mis imágenes con más ganas”, me dice con voz grave, algo balbuceante, sentado frente a sus nuevas obras: una veintena de danzantes pequeños en diferentes movimientos.
Me recuerda que ha participado en la mayoría de las danzas que se representan en su tierra. Por eso conoce los pasos, las expresiones, los vestuarios y las máscaras de cada uno de ellos. Le encantan los más jocosos y los que realizan desplazamientos ágiles. “Él no trabaja con moldes, sino a mano. Cada una es pieza única”, me cuenta su hija Rosa Rojas, una docente cesante que estos días se encarga de su cuidado porque su salud se ha deteriorado.
Sentado junto a su esposa Antonia Cusi, con quien comparte su vida desde hace 67 años, no cesa de contarme sobre lo mucho que le gusta su arte. Su sordera no le permite escuchar mis preguntas, pero adivina mis sentimientos. Me agradece la visita y me invita a quedarme en su taller. “La imaginería es lo más lindo que hay, señor. Lo hago desde que tengo uso de razón. Hasta ahora sigo trabajo con esmero, a pesar de que hay quienes me envidian”.
En 1956 decidió quedarse definitivamente en Cusco. Al inicio compró una casita en el barrio de San Blas, en donde formó su taller. “Los turistas siempre me buscaban. ‘Ah, usted es Rojas, ah qué gusto me decía. Quiero ver sus trabajos’ me decían. Me compraban y se llevaban de recuerdo”. Ahora su taller se ubica en la urbanización Independencia, en donde se entrega al arte con el mismo entusiasmo de sus inicios y con el apoyo de su inseparable Antonia. 
Personajes de diversas épocas y clases sciales son representados en las máscaras de Santiago Rojas Álvarez.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores

Sueños y deseos

Don Santiago Rojas Álvarez no solo ha sido reconocido por los danzantes de la Virgen de Carmen, en Paucartambo, sino también ha recibido premios que saludan su prestigio, como Gran Maestro de la Artesanía Peruana, que recibió en 1996. Las municipalidades de Paucartambo y de Cusco, el Gobierno Regional del Cusco y el Congreso de la República valoran la calidad de su obra.
“A pesar de tener todos esos premios, él no recibe ninguna ayuda ahora que se encuentra mal de salud. Necesita un audífono y un andador, porque pierde el equilibrio y se cae en cualquier lugar”, me dice, llorosa, su hija Rosa. “Ahora la vida de mi madre es llorar y llorar, porque quiere levantar a mi padre, cuando se cae, pero no puede hacerlo porque ya no tiene la fuerza de antes”.
En enero del año pasado los esposos sufrieron un robo de todo lo que habían ahorrado durante muchos años y que celosamente guardaban en un baulito, en su taller. La noticia los ha deprimido mucho y aún no han podido recuperarse. Mientras tanto, don Santiago encienden cada mañana la vieja radio que le regaló un expresidente, escucha un casete de Los Campesinos y con sus manos empieza a acariciar el arte, que es mágico.  
Las máscaras de los daiblos son populares en la fiesta de la Virgen del Carmen en Paucartambo.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores