Rodolfo Terán Chávez: Domador de la piedra

Rodolfo Terán Chávez: Domador de la piedra

En la localidad de Huambocancha Alta, a 8.5 kilómetros de la ciudad de Cajamarca, el artesano Rodolfo Terán Chávez convierte las piedras en semillas que crecen en cada golpe de su cincel. Heredero de una tradición, ahora enseña su técnica a los niños de la zona, con el propósito de que el arte se mantenga vigente. 
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© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores
Escribe: Jesús Raymundo (@jesus_raymundo en Twitter) –
En sus manos, las piedras son semillas que germinan golpe a golpe y con gran pasión. Imitando a la plasticidad de la arcilla que el alfarero redescubre, los escultores labran todo lo que se les antoja, sin ser intimidados por la forma ni el tamaño de cada figura. El tiempo tampoco es el límite para ellos. A diario trabajan con la ilusión de sus primeros años: tratando de acariciar la eternidad del arte.
A diferencia de lo que para muchos significan las piedras en el camino, para los artesanos de Huambocancha Alta, en Cajamarca, no son obstáculos a los que tienen que sortear. En el centro turístico y artesanal ubicado en el kilómetro 8.5 de la carretera que conduce de Cajamarca a Bambamarca la piedra es sagrada. Después de haberlos rescatado de la orfandad, ahora les ayuda a esculpir los sueños de sus vidas.

Patriarca de la piedra

En la década de 1920, en la zona vivían ocho familias. Daniel Terán Murrugarra era el único que se dedicaba a cosechar las piedras del río que bordea la carretera para elaborar alcantarillas, que permitía conducir el agua y facilitaba el paso de los vehículos en las carreteras. Después le encargaron trabajos utilitarios como enchapes y zócalos para viviendas, y piletas y bancas para las plazas de los pueblos.
Su hijo Rodolfo Terán Chávez, quien ahora sigue sus pasos, cuenta que la gran cantidad de piedras que se había acumulado en su casa asustaba a los niños que cruzaban por el lugar. Por eso, su padre esculpió en 1940 una enorme cruz para protegerlos. En honor del símbolo religioso, los vecinos realizaban festividades que con el paso del tiempo se fue olvidando.
Los seis hijos del patriarca se dedican a misma actividad. “Nos iniciamos como un juego. Agarrábamos una combita y jugábamos con las piedras. Mi papá nos enseñaba a hacer comederos para los animales y después empezamos a tallar. Se sentía feliz al vernos. Siempre decía que tenía un ejército que, si alguien se enfrentaba a él, ya tenía quién los defendiera”, recuerda Rodolfo.
En 1970 viajaron a Lima para exponer sus mejores obras en la Casa de la Cultura. Además, durante seis meses fueron capacitados por escultores de la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú. Sus obras, que representaban a personajes de su tierra natal, fueron reconocidas como las mejores de los participantes. Al volver a Cajamarca se dedicaron a producir con mejor calidad y a enseñar su técnica a los vecinos.
Convencidos de que Lima era un gran mercado para sus creaciones, volvieron cargados de ilusiones y con nuevos diseños. Recurrieron a un tío que ya había instalado una tienda en San Isidro, donde empezaron a tratar a sus nuevos clientes. El escultor Víctor Delfín, a quien habían conocido en su primer viaje, les propuso trabajar algunas piezas artísticas y compartir su vasta experiencia.
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© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores

Entre el campo y la ciudad

A los 15 años, Rodolfo Terán Chávez se convenció de que viviría el resto de su vida entregado a las piedras. Enamorado de las oportunidades que Lima le ofrecía se alejó de su padre y trabajó durante un año con Víctor Delfín, en su casa taller de Barranco. “En aquella época no me sentía muy bien porque Lima no es como Cajamarca. Aquí tengo los insumos y el espacio para trabajar. Por eso, fuera de mi tierra no me siento contento”.
La nostalgia lo trajo de nuevo a Huambocancha Alta, donde hoy preside la asociación de artesanos que se formó hace una década con el fin de coordinar el apoyo de las autoridades y de los empresarios, que muchas veces no llega. Allí, los fines de semana convierte su taller en una escuela gratuita, donde los niños de diversas zonas descubren la plasticidad de la piedra. Su propósito es que el arte nunca desaparezca.
Sus cuatro hijos también viven enamorados de la escultura. Incluso, su primer nieto Daniel Terán Malca, de 8 años, es un seguidor ejemplar. “Me siento contentísimo cuando lo veo hacer sus trabajitos. También me siento orgulloso de mi padre, porque gracias a él todos tenemos cómo ganarnos la vida, hasta los del pueblo. Yo duermo y me levanto pensando en mi padre, quien es mi gran inspiración”.
En su taller al aire libre se exhiben leones, piletas y bancos que debe entregar estos días. En su sala descansan los trabajos de menor tamaño, pero de gran belleza. Sorprenden las réplicas de la maquinaria pesada que la minería utiliza. Sus detalles han sido finamente trabajamos que, incluso, tienen movimiento. Prefiere también los temas costumbristas como escenas del campo y no faltan los productos utilitarios como portavelas, pisapapeles, servilleteros y joyeros.
Conoce a la perfección las cualidades de las diversas piedras. Con el granito elabora piletas, enchapes, pisos, mesas y bancas. La variante trenzada la usa para los molinos y batanes. La piedra blanca esculpe incas y musas de tamaño natural. El granito tipo cantería sirve para los enchapes de las iglesias y las filtradoras de gua. Y la marmolina es elegido para los trabajos finos, como los bustos. 
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© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores

Vida continua

En Huambocancha Alta, el día despierta con los rayos solares y los golpes constantes de los cinceles. La radio es inseparable. En cada puesto, los aparatos comparten la música vernacular o los mensajes bíblicos, según los gustos. En ocasiones, los artesanos se cubren los rostros con máscaras para dividir y pulir las rocas con sus esmeriles eléctricos. Así, poco a poco, las piedras empiezan a respirar vida.
En este ambiente, Rodolfo Terán Chávez, de 57 años, se emociona cada vez que contempla su obra y se convence de que todo es posible gracias a su padre ausente. “Me siento feliz cuando mi trabajo es reconocido y la gente me agradece por haberles enseñado”. Ahora sueña con surcar las fronteras con sus obras y que las piedras abran más caminos.