Corpus Christi cusqueño: Cuando la fe viaja en procesión

Corpus Christi cusqueño: Cuando la fe viaja en procesión

Una vez al año, en el Corpus Christi cusqueño, 14 santos y vírgenes se reúnen en La Catedral de Cusco y participan en una procesión que es acompañada por danzas tradicionales, bandas de músicos y miles de devotos. El jueves, el recorrido lo inicia la carroza de plata que en su custodia de oro y plata exhibe la hostia sagrada.
Procesión de la carroza de plata que en su custodia de oro y plata guarda la hostia sagrada.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores
Escribe: Jesús Raymundo (@jesus_raymundo en Twitter) –
En junio, la fe recorre en procesión. A veces lo hace de prisa, con pasos que imitan el vaivén de las olas, pero en otras ocasiones prefiere los movimientos solemnes y pausados. La música que la acompaña parece inspirarse en el clima cusqueño, que pinta el cielo de azul intenso, pero a veces se cubre con un manto gris. Aunque mayormente es alegre, con marchas militares y huaynos de diversas épocas, a veces se entristece con algunas baladas.

Gran entrada

La fe viene de diversas partes. Desciende, por ejemplo, del nevado de Ausangate, en donde el frío imita el color de la paz. Los devotos de pueblos alejados relucen sus energías en las calles de la ciudad a través de danzas tradicionales con las que suelen venerar al Señor de Qoyllurit’i, a 4 mil metros sobre el nivel del mar. Ahora cantan, bailan y tocan sus instrumentos para los 14 santos y vírgenes que se reúnen en el Corpus Christi (Cuerpo de Cristo).
El miércoles, conocida como Entrada de Corpus, la fe despierta antes del amanecer. Es el día en que las imágenes milagrosas se despiden de sus respectivas iglesias para viajar, en procesión, hasta la Plaza de Armas de Cusco, siempre acompañados por creyentes de todas las edades, las bandas de músicos y los conjuntos de danzantes. Aunque no todos llegan al mismo tiempo, no se disputan el orden de ingreso a La Catedral de la ciudad.
En los distritos cusqueños de San Jerónimo y San Sebastián los devotos de los santos que llevan los nombres de sus lugares de origen se unen en la misa en la que también participan sus principales autoridades. A diferencia de otras épocas, en que ambas efigies se disputaban a paso firme, quién llegaba primero a la ciudad, ahora se vive la hermandad entre los dos pueblos.
“La rivalidad ha quedado en el pasado porque ahora nos consideramos como hermanos”, comenta Víctor Acurio Tito, presidente de la Asociación de la Posada de San Sebastián. Tradicionalmente, San Jerónimo cruza por el distrito de San Sebastián, antes de llegar a Cusco. Es recibido con una misa de hermanamiento, en donde los alcaldes intercambian presentes y comparten mensajes de unión no solo en la fe, sino también en obras comunes.
El día en que los santos y las vírgenes llegan a Cusco, los creyentes testimonian que los sufrimientos se aquietan, los caminos se integran, la vida se renueva y los corazones se ablandan. Durante el descanso que realizan, mientras esperan a los demás, se alimentan en un mismo lugar, al aire libre, como si todos fueran miembros de una misma familia. Uno de los platos que se sirve es el chiri ucho (ají frío), potaje frío que reúne cuy, gallina, tortilla, queso, cancha, cochayuyo (algas), chorizo y hueveras de pescado.
El ingreso de San Sebastián, después de varias horas de procesión a paso firme.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores

Procesiones

El jueves, día del Corpus Christi, la misa en el atrio de La Catedral congrega a más de treinta mil devotos de todas partes del país y del exterior. La fiesta, que en el mundo se celebra desde el siglo XIII para proclamar la fe de la Iglesia Católica en Jesucristo, se ha enriquecido con los colores de los sentimientos andinos. Junto a los instrumentos europeos, por ejemplo, se escuchan los pututos (caracoles marinos), instrumentos que tradicionalmente son de comunicación y pastoreo.
Antes de la misa pontifical, los santos y las vírgenes son ubicados uno a uno en ambos lados del atrio de La Catedral. Los devotos se encargan de vestirlos con sus trajes bordados con hilos dorados y plateados y de colocarles sus lujosos accesorios. Aunque el acto litúrgico se realiza en tres idiomas (español, quechua y latín), el mensaje de fe es como la música: no necesita traducción para entenderla. Allí, campesinos y mestizos, peruanos y extranjeros y niños y personas de la tercera edad se unen como hermanos.
El Nuncio Apostólico en el Perú, monseñor James Patrick Green, saluda la religiosidad de los católicos peruanos. Durante la misa reafirma que Cristo sigue siendo el maná que alimenta a sus hijos en todas las circunstancias de la vida, sobre todo a la humanidad que sufre. “Pongámonos ante sus pies. Cada día que pasa vivamos agradecidos porque Él ha querido quedarse con nosotros en la sangre y el cuerpo de Cristo”, anuncia con voz intensa.
Al finalizar la misa, el arzobispo de Cusco, monseñor Juan Antonio Ugarte, coloca la custodia de oro en la inmensa carroza de plata ubicada debajo del atrio. Luego, el Cuerpo de Cristo recorre por el perímetro de la Plaza de Armas acompañado por las autoridades eclesiásticas y su pueblo que ora por un mundo mejor. Después es el turno de las 14 imágenes que posan sobre pesadas andas. En cada paso saludan las capillas portátiles que se han levantado con sus imágenes.
“La fe no solo tiene que manifestarte en la procesión de los santos y las vírgenes, sino debe centrarse en la Eucaristía, que es la presencia real, libre y verdadera del Señor Jesucristo”, comenta Jorge Córdova, párroco de la Iglesia de San Jerónimo. Aunque destaca que la organización del Corpus Christi cusqueño ha mejorado en la organización de las procesiones, pide a las hermandades y los fieles que actúen para evitar el consumo exceso de bebidas alcohólicas.
Después de las procesiones, los santos y las vírgenes retornan a La Catedral, en donde permanecerán hasta el jueves. Este día retornarán a sus iglesias para seguir anunciando que Cristo vive entre nosotros.
El Nuncio Apostólico en el Perú, monseñor James Patrick Green, en la misa del Corpus Christi.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores