Bendecidos por Tayta Mayo

Bendecidos por Tayta Mayo

En el distrito de Chupaca, capital de la provincia del mismo nombre, Tayta Mayo o la Santísima Cruz de Mayo es venerada con una grandiosa fiesta que comparte fe y alegría a través de conjuntos de shapish, danza guerrera que se practica del 2 a 8 de mayo. 
La Cruz de Mayo forma parte de las celebraciones en la provincia de Chupaca.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores
Escribe: Jesús Raymundo (@jesus_raymundo en Twitter) –
Están presentes en todas partes. Vestidas con mantos bordados con hilos dorados o plateados, las cruces verdes de palo abandonan, cada 3 de mayo, las 17 capillas de los 11 barrios de Chupaca y se reencuentran con quienes han llegado a la ciudad para rendirles culto. Son cargadas por danzantes, como los negros, y por creyentes que les agradecen los favores y milagros con una fiesta popular que empezó hace seis días y culmina hoy.
Al siguiente día de la serenata nocturna, en la que se queman castillos de fuegos artificiales, las cruces comparten sus mensajes de redención y salvación en la plaza de armas de Chupaca, capital de la provincia del mismo nombre. Después de la misa al aire libre, desfilan por las calles apoyadas en los hombros de sus seguidores de diversas edades o sobre las andas que también son cargadas por sus fieles.
El 3 de mayo, día principal de su fiesta, las cerca de cuarenta cruces de familias y barrios son acompañadas por los caporales, responsables de las celebraciones; por los shapish, danzantes que evocan a los guerreros huancas; por los negros, quienes protegen a los anteriores; y por los músicos de las orquestas típicas. Luego parten a los barrios, en donde los esperan para celebrar la fe con platos típicos, cervezas, música y danzas.

Tradición religiosa

Desde tiempos de la colonia, Tayta Mayo o la Santísima Cruz de Mayo es el ícono de la fe en el Valle del Mantaro. Después de los tiempos en que los españoles intentaron acabar vanamente con el culto a los “abuelos”, los cerros y la naturaleza, la cruz de madera redonda, con el rostro ensangrentado de Cristo y la representación de sus sufrimientos se instaló firmemente en las casas y haciendas.
Según Aquilino Castro Vásquez, autor de Kayanchiclami ¡Existimos todavía!, Tayta Mayo es la cabeza de un Cristo coronado de espinas y que es colocada en una caja de vidrio en el centro de la cruz. Se trata de una imagen religiosa informal, ya que no ha sido reconocida oficialmente por la iglesia católica, como sí lo son el mismo Cristo, la Virgen María y los santos.
Los viajeros y comerciantes se encargaron de traerla de otros pueblos, a mediados del siglo XIX. Con el tiempo, la devoción que se inició en el seno de las familias también fue acogida por los vecinos de los barrios. Todos participaban de las celebraciones en las que se encendían velas, se masticaban hojas de coca y se servían bebidas con infusiones aromáticas y aguardiente, como hasta hoy se practica.
Las capillas se edificaron con el esfuerzo de todos. La más antigua, que data de 1861, fue levantada en el barrio San Miguel de Pincha A, pero quedó en desuso por su precariedad. La que hoy acoge a los devotos fue culminada en 1963 y hace dos años, gracias al premio obtenido en el concurso de los shapish, se construyó un ambiente contiguo en el que realizan las celebraciones de mayo.
El siglo pasado se ha construido la mayoría de las capillas, con el respaldo de los creyentes. Mientras que algunas familias han donado o “prestado” terrenos, otras han colaborado para su compra. En todos los casos, el trabajo comunitario y el aporte voluntario ha permitido su edificación en varios años. Sin embargo, hay barrios, como La Unión y Las Malvinas, que no cuentan con los recintos ni los símbolos de la fe cristiana.
Los shapish, es un danza guerrera que se transmite de generación en generación.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores

Danza guerrera

El 4 de mayo, las 27 pandillas o conjuntos de shapish compiten en la plaza de armas de Chupaca. Herbin Quispealaya Córdova, del conjunto del barrio de La Perla, comenta que la danza en la que participan seis ejecutantes que forman tres parejas es un homenaje a los wanca chupakos, antiguos pobladores que resistieron a los incas, pero al ver la superioridad numérica tuvieron que huir a la selva. Después de mucho tiempo volvieron con costumbres selváticas.
Según Pompeyo Cerrón Martínez, los shapish danzan desde 1837 con el propósito  de rendir homenaje a la patrona de Chupaca: la Santísima Cruz de Mayo. Cirilo Alejandro Ochoa Rojas, del barrio de San Miguel de Pincha, asegura que al inicio eran acompañados solo por arpa y violín, luego se sumó el clarinete y desde la década de 1950 es infaltable la presencia de la orquesta típica conformada por hasta 18 músicos.
Ambos danzantes, quienes han sido bendecidos por los milagros de Tayta Mayo, aprendieron los pasos y movimientos desde sus primeros años. Coinciden en indicar que para integrar un conjunto es necesario contar con vocación por la Santísima Cruz de Mayo y tener el compromiso de profundizar las raíces culturales. Todos los años compiten en pandillas diferentes y aseguran que lo seguirán haciendo hasta sus últimos días.
En cada barrio existe una especie de consejo de cultores de shapish que conservan los secretos de la danza. Honorato Córdova Rodríguez, presidente de la Asociación Cultural Shapish Chupaca, señala que los movimientos del cuerpo son majestuosos y elegantes, a pesar de la supuesta pelea cuerpo a cuerpo. Consta de tres partes: la escaramuza resalta los movimientos marciales; la cachua privilegia los zapateos menudos, y la chimaicha es un zapateo febril.
La música se compone por notas y melodías que se repiten durante 15 minutos. Lo único que se innova es la presentación, que es una breve introducción musical. En 1976, Jesús Emilio Corregaray Mosquera y la orquesta Los Filarmónicos de Huancayo produjeron un disco que recogió la versión completa de los shapish. El año anterior se introdujo el concurso que con el tiempo convoca a mayor número de conjuntos y de espectadores.

Reciprocidad y fe

Aunque la competencia se expresa en el escenario, ante un jurado exigente, la danza se repite una y otra vez durante siete días de fiesta. Las orquestas típicas suelen ser contratadas para amenizar las actividades durante una semana y los seis integrantes de cada pandilla nunca dejan de rendir su tributo a Tayta Mayo exhibiendo sus pasos y vistiendo como guerrero shapish, aunque sin la careta rojiza.
¿Cómo se cubren los gastos de la fiesta? Luis Bastidas Vásquez, alcalde de Chupaca, comenta que las familias aún mantienen la tradición del uyay, que se basa en la reciprocidad. Todos colaboran, de manera voluntaria, para contratar a los músicos, preparar platos típicos y comprar centenares de cajas de cerveza que se comparten con los asistentes.
En los barrios de Chupaca no solo los vecinos son bienvenidos a la fiesta, sino también los familiares, amigos y turistas que llegan desde diversos lugares. En mayo, la memoria y la fe comparten un mismo espacio mientras el tiempo transcurre sin prisa y la vida palpita profundamente en todas partes. Es el milagro de la fe.
El uyay, o la reciprocidad, permite que la fiesta se siga celebrando todos los años en Chupaca.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores