Danzas para la Virgen de la Candelaria

Danzas para la Virgen de la Candelaria

Cada año miles de puneños se reúnen en el Estadio Enrique Torres Belón, de la ciudad de Puno, para lucir sus mejores trajes al son de las bandas de música. Los eventos más esperados por los turistas nacionales y extranjeros son los concursos de danzas autóctonas y de trajes de luces o mestizas.
Más de 80 conjuntos de danzas participan en los concursos de danzas autóctonas y de trajes de luces.
© Cortesía Andina
La celebraciones en homenaje a la patrona de Puno incluye todos los años los concursos de danzas autóctonas y de trajes de luces, que reúnen a miles de entusiastas danzantes y músicos. Sin embargo, más que una competencia, cada representación expresa la idiosincrasia puneña, que recoge y fusiona elementos del cristianismo y de la milenaria cosmovisión andina. 

Danzas autóctonas

Las expresiones que se presentan en el concurso de danzas autóctonas son un esfuerzo que los campesinos puneños realizan para preservar la gratitud a la madre tierra, explica Jesualdo Portugal Castelo, miembro de la Asociación Cultural Brisas del Titicaca. “Es una ofrenda a la pachamama que anexan a la gran celebración de la Virgen de la Candelaria. Por eso, le dicen Mamita Candelaria”.
Cada octubre del año anterior a la celebración, la Federación Regional de Folklore y Cultura de Puno se encarga de organizar las fases preliminares, para que solo los mejores conjuntos se presenten en el tradicional Estadio Enrique Torres Belón. Tras dictar las bases con anticipación, los pobladores de zonas campesinas aledañas a la ciudad se dan cita para intentar ser los seleccionados y asistir a tan importante evento.
Son más de 80 conjuntos de danzas los que participan y cada uno cuenta con más de 70 integrantes en promedio. Existen agrupaciones que reúnen a muchas más personas, por lo que la cifra total de bailarines es muy variable. Lo que es seguro es que las dimensiones que alcanza el concurso lo convierten en uno de los más importantes de la Fiesta de la Candelaria y de todo el país.
Por tratarse del pago a la pachamama, las vestimentas no son pomposas ni extravagantes, al contrario, son trajes sencillos, pero que transmiten la devoción de quienes las visten. Han sido confeccionadas básicamente con bayeta (tela de lana) y con frecuencia a cargo de los campesinos, por lo que su costo bordea los S/. 300, precio que se reduce por la reutilización de materiales.
Las variaciones que experimenta cada danza aumentan la riqueza y la diversidad de estilos, pero hay algunas que siempre destacan y tienen un lugar en la retina de los visitantes, como los ayarachis de Paratía, el carnaval chacareros de Acora, los llameritos de Cantería, los tradicionales sicuris o los satiris de Caritamaya. Todas ellas, con sus particularidades, son danzas que le rinden tributo a la madre tierra.
Cada danza expresa la idiosincrasia puneña que fusiona el cristianismo y la cosmovisión andina.
© Cortesía Andina / Atilio Alejo

Danzas de trajes de luces

El concurso de trajes de luces, también denominado de danzas mestizas, posee características diferentes al de danzas autóctonas. Su significación se relaciona con la dicotomía del bien y el mal, que se formó en la mente de los antiguos peruanos con la llegada y explotación española. Sus pasos son mucho más ágiles y dinámicos, y sus vestimentas de colores extravagantes hacen del evento una experiencia espectacular.
Sus expresiones representan la fusión de lo autóctono de las poblaciones altiplánicas con la tradición mestiza. Por ello, los danzantes son pobladores citadinos, residentes en otros departamentos, comerciantes o estudiantes. Los grupos dancísticos son más numerosos que sus pares autóctonos, por lo que durante la ejecución del evento las calles quedan totalmente atestadas de brillantes personajes y espectadores.
Según Enrique Cuentas Ormachea, autor de “La Fiesta de la Virgen de la Candelaria en Puno”, los diferentes grupos urbanos y los turistas prefieren los trajes de luces por sus llamativos bordados en hilos de oro y plata, así como por la pedrería brillante que encandila a todo visitante. La vistosa indumentaria la adquieren en ciudades como La Paz y Lima y su precio puede superar los S/. 3 mil y el alquiler, los US$ 500.
En las vestimentas priman los colores rojo, verde y amarillo, aunque las nuevas agrupaciones incorporan cada vez tonos más brillantes y llamativos. Debido a lo nutridas que son las agrupaciones, la celebración se realiza en un mar humano de intensos brillos donde se pierde la vista. Las abigarradas calles se tiñen de los excéntricos tonos para transmitir la fe de propios y extraños, quienes rápidamente se contagian del sentimiento.
Al igual que en el concurso de danzas autóctonas, en esta competencia también destacan algunas representaciones dancísticas como la morenada, los caporales o los doctorcitos. La principal atracción es la danza de la diablada, mundialmente conocida por su significado y el arte con que se diseñan las caretas que lucen los demonios o diablos. (Artífice Comunicadores).
Los trajes de luces son preferidos por los bordados en hilos de oro y plata, así como por la pedrería.
© Cortesía Andina / Atilio Alejo