Corsos y festivales carnavalescos son alternativas a juegos violentos

Corsos y festivales carnavalescos son alternativas a juegos violentos

Autoridades, empresarios y vecinos deben impulsar nuevos espacios para la fiesta de carnavales que integren a los limeños. 
El periodista e investigador Jesús Raymundo propone alternativas para jugar carnavales sin violencia.
© Rafael Mori / Artífice Comunicadores
Para controlar la violencia y el desenfreno con que se juegan los carnavales en Lima no bastan las medidas disuasivas ni las acciones de seguridad, sino se requieren de espacios en los que participen los vecinos, como los corsos y festivales populares. Para ello, urge el compromiso de autoridades, empresarios y la sociedad civil. Así lo sostiene el periodista Jesús Raymundo, director de Contenido de Artífice Comunicadores.
Señala que en diversas etapas de la historia del país se ha prohibido el juego violento, pero los carnavales se han mantenido. Al inicio, la Iglesia se opuso a la costumbre y en el siglo XVIII lo hizo el virrey Guirror. En la República continuaron los intentos de acabar con la fiesta popular, como el decreto firmado por el marqués Torre Tagle en 1822 y el decreto supremo respaldado por Manuel Prado Ugarteche, en 1958.
En La Rotativa del Aire, de RPP Noticias, Jesús Raymundo indicó que Lima debería aprender de Ayacucho, cuyo carnaval es Patrimonio Cultural de la Nación, y de Cajamarca, considerada capital del carnaval peruano. Asimismo, debe  rescatar el ejemplo de 1922, cuando el gobierno local y un grupo de notables asumieron la organización de un corso, con el argumento de modernizarlo. 
En la entrevista concedida a José María “Chema” Salcedo y Heidi Grossman explicó que con las migraciones llegaron a Lima diversas formas de celebrar los carnavales que la cultura oficial no las ha considerado. Por eso, los pobladores de los distritos populares han creado sus espacios para recordar sus costumbres, pero sin la violencia que se viven en las calles. Es tiempo de promover y difundir su práctica. (Artífice Comunicadores).
La violencia y el desenfreno del carnaval limeño datan desde sus orígenes, en el siglo XVI.
© Cortesía Andina