Tejedoras y bordadoras de Huanta vencen a la pobreza

Tejedoras y bordadoras de Huanta vencen a la pobreza

Seis talleres de textiles y bordado dirigidas por artesanas ayacuchanas, quienes años atrás fueron víctimas de la violencia familiar, se han unido para crear una sola marca: Flores del Ande. No solo han vencido al machismo, sino también a la pobreza que intentaba acabar con sus sueños de una mejor vida.
Unidas por el arte y por un sueño, las artesanas ayacuchanas trabajan para cambiar sus vidas.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores
Escribe: Jesús Raymundo (@jesus_raymundo en Twitter) –
Ellas viven unidas por el pasado y los sueños. Sus días se estrechan a través de sus manos prodigiosas que convierten los hilos en surcos donde siembran flores multicolores, puntada tras puntada. En la ciudad ayacuchana de Huanta, conocida como “Esmeralda de los Andes”, tejen y bordan motivadas por el deseo de acabar con la pesadilla que les tocó vivir junto a sus esposos que las maltrataban.
Ahora celebran la abundancia de su cosecha que es bendecida por la asociatividad. Las flores bordadas se lucen en bolsas, gorros, correas, bufandas, sandalias, portacelulares, monederos y todo lo que son capaces de producir. Las 120 mujeres que trabajan en seis pequeñas empresas de artesanía están convencidas de que unidas podrán cambiar la realidad.

Manos creativas

Hace seis años, cuando todavía ninguna de las artesanas huantinas había formado sus empresas, vivían agobiadas por problemas profundos. Sin embargo, el Programa Nacional Contra la Violencia Familiar y Sexual despertó en ellas su espíritu emprendedor, luego de capacitarlas en arte textil y bordado.
Gloria Pacheco de Ñaupas y Ruth Dina Alanya Oré cuentan que durante esta etapa trabajaron con madres de escasos recursos económicos, quienes eran maltratadas en sus hogares o fueron abandonadas por sus esposos. Convocaron también a quienes enviudaron a causa de la violencia social.
En la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, Doris Barboza Quispe descubrió los secretos del marketing, la iconografía y la metodología para formar artesanos. Por su parte, Rosa Bautista de Soto aprendió a tejer usando el telar de cintura gracias a los talleres organizado por el Movimiento Manuela Ramos.
Yovana Conga Salas resalta que la fortaleza de Flores del Ande se sintetiza en la unión de sus socias, lo cual ha favorecido que los productos de marca colectiva sean reconocidos en mercados locales y del exterior. “Así podemos responder los pedidos que recibimos. No solo logramos buena cantidad de producción, sino también garantizamos un buen acabado. Nuestro trabajo siempre ha sido bien cotizado y le gusta a los clientes”. 
Las artesanas han aprendido a utilizar la técnica del teñido natural con plantas.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores

Nuevos tiempos

Nada ha sido fácil para estas emprendedoras. Y cuando lo recuerdan, la voz se les quiebra y algunas lágrimas humedecen sus mejillas. Recuerdan que antes eran víctimas de la ironía de sus esposos, quienes dudaban que un día se convertirían en empresarias. Incluso, eran criticadas por asistir a las capacitaciones porque eran consideradas como una pérdida de tiempo.
Rosa Bautista cuenta que fue difícil cambiar de opinión a su esposo, quien se burlaba de ella cuando la veía tejiendo lo que él denominaba ‘cachivaches’. “Al regresar de las ferias con 100 o 150 soles en el bolsillo le decía que mis cachivaches sí valen. Ahora me comprende y ya no es dominante. Hasta mis hijos me aconsejan que saque un préstamo para seguir trabajando”.
Al inicio, la poca rentabilidad de los productos pretendía desanimar a Doris Barboza con su proyecto de negocio. “Con mi familia sufríamos por la falta de dinero porque a veces todo era para la producción y no ganaba nada. Ahora ya tengo para los gastos de la casa y el estudio de mis hijos. Y cuando voy a empresas grandes me abren las puertas, porque ya nos conocen”.
Gloria Pacheco se emociona al recordar las discusiones con su esposo, quien se oponía a sus planes de asistir a las capacitaciones. “Como se realizaba en las tardes, me decía que seguro me iba a demorar y me preguntaba hasta qué hora estaría afuera. Con el tiempo he aprendido que no es difícil hacer empresa, que todo se puede con información y apoyo de las autoridades”.

Como en familia 

Las integrantes de Flores del Ande han creado espacios para conocerse mejor. En ocasiones almuerzan juntas o comparten una tarde de recreación. Así han aprendido a comprenderse y organizarse. “A veces, uno tiene que ceder, porque siempre habrá alguien que este disconforme. Lo bueno es que todas nos entendemos mucho”, cuenta Doris Barboza.
Luego de su participación en diversas ferias de Lima han logrado contactos comerciales. Respaldados por su capacidad de producción, han cumplido con entregar los pedidos mucho antes de la fecha pactada. Dicen que se encuentran preparadas para exportar directamente sus productos, y así acabar con los intermediarios. En el futuro, las flores andinas perfumarán la moda internacional.
Las artesanas de Flores del Ande ahora buscan mercados internacionales para sus productos.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores