Empresarios ayacuchanos de la arcilla

Empresarios ayacuchanos de la arcilla

Los ceramistas de Quinua han mejorado la calidad de sus productos utilitarios y decorativos que exportan a Estados Unidos y Europa. Usan moldes para producir mayores cantidades, han estandarizado la combinación de tierras de color, y queman de manera uniforme en hornos de ladrillos refractarios.
Las chismosas también son fuentes de inspiración de la cerámica de Quinua, Ayacucho.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores
Escribe: Jesús Raymundo (@jesus_raymundo en Twitter) –
El chisme murmura en todas partes, en todos los idiomas y en la artesanía también. En Quinua, distrito ubicado a 3.300 metros sobre el nivel del mar y a diez horas de viaje por tierra, las chismosas son fuente de inspiración para sus jóvenes artesanos. Estas piezas de cerámica son, de acuerdo a las estadísticas de la empresa Los Ángeles, las que mayor acogida tienen en Estados Unidos.
Entre los productos utilitarios que más se exportan a Europa y Estados Unidos destacan los fruteros, objetos para conservar las frutas, y los urpis, platos decorados con dos pares de aves, frente a frente. Aunque cada vez menos, las iglesias también tienen demanda en el exterior. Marcial Jerí Chávez, gerente de Los Ángeles, se muestra optimista con los resultados alcanzados.
Cada vez que los artesanos comparan el progreso alcanzado, corroboran que han vencido el ambiente dominado por el caos en el que antes trabajaban. “Ahora estamos logrando éxitos, y por eso los socios quieren seguir delante. Ahora necesitamos integrar a más jóvenes”, comenta Juan Contreras Huaraca, gerente de Quinua Arte. Lo que más exportan son las alcancías en forma de chanchitos, las chismosas y los nacimientos navideños. 

De tradición

Aunque la cerámica de Quinua es conocida por sus iglesias y sus toritos, estas piezas son acogidas principalmente por el mercado local. “Las  iglesias ya no se exportan casi nada, y los toritos, peor. Los chunchos también salen solo por pedidos, pero ya no en cantidad”, asegura Contreras Huaraca.
Sin embargo, en Quinua la tradición persiste. En los techos de las viviendas se exhiben las iglesias de diversos tamaños. La costumbre dicta que los padrinos de las nuevas parejas de esposos son los encargados de obsequiar esta cerámica de la fe, al concluir el techado (zafacasa) o durante su bautizo (huarungo). Solo así podrán ahuyentar todo lo negativo que puede oscurecer la felicidad.
Los toritos de Quinua (cántaro-toro) son piezas sagradas (illas) que se usan en la marcación o herranza de los ganados (señalacuy), costumbre que los ganaderos representan en julio y agosto. Forman parte también de la trilla del trigo y la cebada, que se practica en estos meses, y consiste en separar el grano de la paja mediante el pisoteo de los animales.
Solo los artesanos conocen los secretos de por qué la chicha de jora o el aguardiente que se echa por la espalda agujereada no gotea por allí a pesar de no usar tapa ni al ser movido en diferentes posiciones. Como un milagro, el líquido solo podrá ser bebido a través de la boca del animal.
Juan Conteras Huaraca, gerente de Quinua Arte, ahora usa hornos con ladrillos refractarios.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores

Innovación

Los ceramistas de Quinua no solo han adaptado piezas que demandan sus clientes, sino también han innovado todo su proceso. Ahora producen en cantidades, utilizando moldes. De esta manera garantizan que todas las piezas tengan las mismas dimensiones y los detalles que les solicitan.
A diferencia del comprador peruano, que prefiere las piezas coloridas, el extranjero tiene predilección por los naturales. Hace más de una década, las tierras de colores más usadas eran el negro, el blanco, el anaranjado, el rojo, el amarillo, el marrón y el plomo. Hoy, al mezclarlos, la gama se amplía. Los artesanos han codificado las combinaciones de tierras de color: allí se especifican las cantidades exactas.
También han modernizado el quemado. En el olvido han dejado los hornos cilíndricos, cuya temperatura alcanzaba los 700 grados. Hoy utilizan hornos mejorados con ladrillos refractarios adecuados para ser utilizados con gas o leña. La temperatura supera los 800 grados. Esta posibilidad garantiza la quema uniforme de las piezas. 
La cerámica moderna es capaz de cambiar vidas. Ambos empresarios esperan que cada vez más jóvenes se animen a seguirles los pasos. Confían en que la capacitación, que es tan importante como la creatividad, continúe sembrando el sueño universal del progreso.
Marcial Jerí Chávez, gerente de Los Ángeles, asegura que la cerámica modernca trae progreso.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores