José Villalobos Cavero, el padre del festejo

José Villalobos Cavero, el padre del festejo

Es dueño de la mayor producción de música negra en el Peru. José Villalobos Cavero despertó su creatividad observando a los músicos de un conjunto criollo en Barrios Altos. Allí aprendió a tocar el cajón y a cantar como los grandes. Después empezó a acompañar a figuras importantes y a escribir la historia musical del criollismo.
José Villalobos Cavero es un maestro de la música, el canto y la composición.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores
Escribe: Jesús Raymundo (@jesus_raymundo en Twitter) –
Desde que el aroma del criollismo despertó su inocencia, la música se convirtió en su mejor juego infantil y, luego, en su gran maestra. Aunque de aquellos años solo quedan las historias de todo lo vivido, José Villalobos Cavero no es un artista del pasado. Sus valses y festejos animan las reuniones con la misma algarabía de antaño. Y él aún recorre las noches celebrando su talento.

Juego de la vida

De niño convirtió una quinta de Barrios Altos de Lima en su escuela de música. Cada vez que su vecino Víctor “El Gancho” Arciniega tocaba el cajón junto a los músicos de su conjunto criollo, se asomaba tímidamente a la puerta para apreciarlos. Como jugando, aprendió a dominar el ritmo: en sus ratos libres percutía a solas sobre una silla o la pared.
“Un día me preguntó si me gustaría tocar su cajón. Cuando lo hice, se asombró porque nadie me había enseñado. Desde esa fecha me permitía sentarme en su salita para escucharlo. A los 12 años ya cantaba marinera limeña, pregones, panalivios, zamacuecas y valses antiguos que allí escuché. Dos años después, ya acompañaba a voces importantes que se presentaban en las radios Mundial y Central”, recuerda.
El 31 de octubre de 1960 debutó con su grupo Tradición Limeña en la reconocida peña Karamanduka. Fue contratado por un día, pero su temporada se prolongó durante ocho años. Después inauguró La Palizada y actuó en los hoteles Bolívar y Crillón, así como en los concursos de peleas de gallo y caballos de paso peruano.

Estampas peruanas

Su primer valse “Obsesión de amor” fue el que le otorgó identidad de compositor. Fue grabado en 1975 por Rómulo Varillas, de Los Embajadores Criollos, con el título de “Copas mías”. “Tengo la suerte de que muchas de mis canciones se han convertido en clásicos porque se mantienen vigentes y gozan de la preferencia del público. Además, tengo la mayor producción de la música negra en el Perú”, afirma.
En efecto, desde que Arturo “Zambo” Cavero incluyó en su primer álbum el festejo “El Galpón”, la música negra siempre ameniza toda reunión social. Gracias al éxito que obtuvo en venta grabó el sencillo (45 RPM) “Mi comadre cocoliche” y luego un miniplay (disco con seis canciones) con sus mejores creaciones, como “Mueve tu cucú” y “El negrito chinchiví”.
En uno de los ambientes de su casa de Lince reposan sus mejores recuerdos y distinciones. Allí exhibe las décimas dedicadas por el notable Juan Urcariegui; la condecoración de Palmas Artísticas en grado de maestro; y los reconocimientos del Instituto Nacional de Cultura y la Municipalidad Metropolitana de Lima por sus bodas de oro artísticas. 
Aunque el peso de sus 81 años ha disminuido el número de sus presentaciones, José Villalobos Cavero advierte que le sobran fuerzas para seguir defendiendo la identidad de la música afroperuana.
De niño aprendió a tocar observando a los maestros que se reunióna en una quinta de Barrios Altos.
© Jesús Raymundo / Artífice Comunicadores