Alicia Bustamante: Pasión entre dos mundos

Alicia Bustamante: Pasión entre dos mundos

El arte popular peruano le debe mucho a Alicia Bustamante Vernal. No solo fue la gran difusora en Lima y ciudades europeas, sino también se convirtió en un puente vivo entre dos mundos culturales diferentes. Dejó una colección catalogada e historiada de obras de calidad que explican la evolución de un arte que antes era menospreciado.
Las hermanas Celia y Alicia Bustamante Vernal en uno de sus viajes por el Perú profundo.
© Archivo personal de Hernán Bustamante Vernal. Portada de la obra Apuntes inéditos. Celia y Alicia en la vida de José María Arguedas, de Carmen María Pinilla.
Escribe: Jesús Raymundo (@jesus_raymundo en Twitter) –
Su aspecto era similar a quienes en las primeras décadas del siglo pasado menospreciaban el arte que florecía en los Andes, pero ella era distinta a los demás. A pesar de que no hablaba quechua, la artista plástica Alicia Bustamante Vernal se comunicaba sin dificultades con los alfareros, tejedores e imagineros de tierra adentro. Con la vitalidad de sus gestos espontáneos se ganaba su confianza y su afecto que con el tiempo se enriquecieron.
Convencida del valor del arte que se cultivaba lejos de la mirada de la élite artística limeña, a la que ella pertenecía, entregó sus mejores años a demostrar la verdad de su postura. A través de los viajes apasionados que realizaba a las entrañas de la cultura andina, tendió un puente vivo entre dos culturas diferentes que no se conocían y que vivían de espaldas a la realidad.
En un artículo publicado en 1969 en El Dominical de El Comercio, semanas después de su fallecimiento en 1968, José María Arguedas, destacó su labor en tiempos en que los dos mundos culturales eran muchísimos más separados que hoy. “Transida por las luces y los amores de la obra de todos los artífices indios y mestizos a quienes ella se acercó, pudo a su vez mostrar a esos artífices el cambio que estaba operándose en el otro universo social del país”.

Vida heroica

Alicia Bustamante fue formada en el ambiente limeño conmovido por el socialismo, tal y como lo entendió José Carlos Mariátegui, y por las repercusiones de la revolución mexicana (1925-1935). Acompañado por su novio Genaro Carnero Checa y su hermana Celia Bustamante, solía asistir al Centro de Estudios Peruanos, donde se discutía el pensamiento mariateguiano. Otro de los concurrentes era el escritor José María Arguedas.
Conoció personalmente a Mariátegui, cuando él solicitó saludarla al enterarse de que había obtenido el premio a la mejor alumna de la Escuela Nacional de Bellas Artes, dirigida por José Sabogal. Participaba, además, de las acciones asistenciales como visitar prisiones y hospitales. Su hermana Celia, quien se casó en 1939 con José María Arguedas, también compartía sus ideas y actividades.
Durante veinte años, las hermanas Alicia y Celia Bustamante y Arguedas compartieron el socialismo, el arte y el mundo andino. “Estos elementos determinaron, asimismo, sus afectos y lealtades. El común interés de los tres por el arte popular en particular y por el mundo andino en general aparece como un elemento natural del proyecto socialista”, afirma la socióloga Carmen María Pinilla en su obra Apuntes inéditos. Celia y Alicia en la vida de José María Arguedas.
De acuerdo a los materiales que la investigadora ha revisado, en sus viajes a la sierra en busca de los artistas populares también se contactaba con políticos e intelectuales, a quienes llevaba material de difusión. “En realidad, este aspecto de sus actividades ha quedado opacado frente al de su producción artística y al de su labor de difusión del arte popular peruano”.
En 1936, a los 28 años, Alicia fundó la peña Pancho Fierro. José María Arguedas la había apoyado en las gestiones para conseguir la casa museo: redactaba y firmaba las cartas que enviaba a diferentes instituciones y personajes de la época. Después, Alicia se encargó de las ilustraciones y viñetas para Yawar fiesta, tal como lo había realizado para Canto kechwa. Fue quien llevó la novela a la imprenta y de presentarla a un concurso.
En aquellos años, Alicia escribió un artículo en el que destacó los valores artístico, pedagógico y turístico de la cerámica de Pucará, en Puno. Sostuvo la superioridad de la cerámica india frente a la mestiza, que empezaba a cumplir con las exigencias del turismo. En 1945 formó parte del equipo que, junto a José Sabogal, divulgó el arte popular desde el Museo de la Cultura Peruana.

Arte Popular en Lima

Desde inicios de la década de 1930, Alicia vivió entre dos mundos. En los motivos andinos encontraba la inspiración para sus pinturas y en los pueblos alejados descubría la dimensión del arte que los pobladores cultivaban con naturalidad. Así empezó su colección de piezas únicas y de gran belleza para difundirlos en la capital. Al inicio, sus amigas empezaron a comprarlas para adornar sus casas y se animaron también a coleccionarlas.
En la peña Pancho Fierro, al inicio ubicado en la calle Zárate y luego en la plazuela San Agustín, se escribió el resto de la historia del arte popular peruano. Allí se reunían los intelectuales y artistas más importantes de la época, tanto peruanos como extranjeros, quienes saludaban la hospitalidad de las hermanas Alicia y Celia Bustamante y de José María Arguedas.
Nita Zapata Bustamante, sobrina de Alicia y Celia, recuerda que en el primer reciento destacaba una inmensa mesa de madera al centro, donde había piezas de cerámica. Al fondo se ubicaba el segundo salón, donde se exhibían las obras de arte popular. Allí se mostraron los trabajos, por primera vez, del imaginero Hilario Mendívil, el retablista Joaquín López Antay y la buriladora Catalina Medina. Asimismo, se expusieron las cuadros de Mario Urteaga.
Al final de esta habitación cuadrada se encontraba el bar donde se compartían copitas de pisco o de otro licor que algún invitado llevaba. Además, se convidaban yuquitas fritas con una salsa de ají. La música andina estaba a cargo de los amigos de Arguedas, y en ocasiones él cogía la guitarra y se animaba a cantar en quechua. Todo empezaba a partir de las siete de la noche. Así fue hasta 1967, en que dejó de funcionar.
En su casa de Lima se alojaban los imagineros y alfareros de los Andes. “La casa de Alicia era acogedora no solo por lo modesta, sino porque allí el artesano andino se sentía bien; podía ofrecer regocijadamente todo lo que contenía su memoria y su lenguaje, porque a su vez recibía en la sonrisa y el trato de esta señorita limeña mucho de lo que hacía de cautivante en la ciudad aparentemente incomprensible y extraña”, comenta Arguedas.
Según el testimonio de Joaquín López Antay, recogido por el filólogo Mario Razzeto en Don Joaquin, testimonio de un artista popular andino, la segunda vez que viajó a Lima fue por invitación de Alicia Bustamante, quien fue a verlo con Arguedas y su esposa Celia. “Yo visité su casa de Lima. Fui con mi hijo Mardonio. Ahora todos han muerto: el doctor Arguedas, la señora Celia, la señorita Alicia. El doctor Arguedas se ha suicidado, algo dicen que tomó, pues”.

Tesoros de colección

José María Arguedas escribió que Alicia Bustamante se dedicó a la colección con plena conciencia del valor que su trabajo a la historia cultural del país. “Yo fui testigo de cómo ella rechazó propuestas tentadoras para la venta de algunas piezas especialmente bellas y raras de su colección”. Por eso, tras su muerte, se preguntaba sobre la suerte que correría el inestimable tesoro que fue fruto de su amor, tiempo, trabajo y convicción.
Celia cumplió el deseo de su hermana. En enero de 1972 logró que se exhibiera en la Galería Latinoamericana de la Casa de Américas de Cuba la muestra Arte popular peruano. Colección de piezas de artesanía donada a Cuba por Alicia Bustamante. La otra parte de las piezas, las que permanecían en la peña Pancho Fierro, pasó al Museo de Arte e Historia de San Marcos. Este año, el país volvió a admirar su valor al cumplirse los cien años de nacimiento de Arguedas.
No se equivocó Arguedas cuando señaló que la colección de Alicia Bustamante es un testimonio y documento que es excepcionalmente necesario para estudiar y comprender la cultura peruana. “Es tanto una muestra de resistencia triunfal del ‘bajo’ pueblo peruano a muchos siglos de inútil rigor para colonizar su capacidad creadora”.
En 1936, a los 28 años, Alicia Bustamante fundó la peña Pancho Fierro.
© Minerva Mora / Artífice Comunicadores